Revise la sección Liturgia, donde se han incorporado las novenas correspondientes a la Fiesta Chica 2017

“FELIZ TÚ, MARIA, QUE HAS CREIDO”

(Lc 1,45)


Estimados hermanos en Cristo nuestro Señor: El tema de esta novena en honor a Nuestra Señora del Rosario de Andacollo ha sido la fe, y el lema que preside este año 2012 es: “Feliz tú, María, que has creído” (Lc 1,45). Con este centro de atención, y unidos a toda la Iglesia Católica, comenzamos el año de la Fe convocado por el Papa Benedicto XVI. En torno a María, la peregrina de la fe, reflexionamos sobre nuestro seguimiento del Señor.

Una breve introducción sobre  la fe:

La Biblia nos dice que la fe es el medio necesario para llegar al encuentro de nuestro Padre Dios. ¿Por qué tiene tanto valor la fe? Hb 11 nos habla de lo que es capaz de hacer la fe. Y nosotros lo podemos descubrir hoy en el encuentro de los peregrinos en Andacollo con nuestra buena Madre. Ellos demuestran su fe como un valor para sus vidas, como un valor que enriquece su espíritu.

P
oseemos ya una fe que nos hizo salvos en el Bautismo, ya que Jesucristo murió para salvarnos (Ro 3,24-25). ¿Pero poseemos una fe activa que nos permite vivir día a día utilizándola en todas nuestras actividades? Partamos de la definición de la fe, en Hb 11,1: la fe es certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve. Este texto no nos habla de la fe salvadora, sino de la fe que, confiando en las promesas de Dios, actúa en función de ello.

En 1 Pe 1,7 se nos dice  que "la fe es más preciosa que el oro, pero tiene que ser sometida a prueba, para que se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor en la Revelación de Jesucristo".

A lo largo de esta novena hemos meditado y reflexionado sobre diferentes personajes bíblicos. Esto es importante para re-descubrir nuestra fe, ya que la historia de Salvación nos presenta ejemplos a seguir, modelos a imitar en nuestra respuesta a Dios.

Los invito a que hagamos un recorrido breve sobre la fe de los personajes que hemos meditado y reflexionado en esta novena:

  • La fe de Abraham: Abraham es un hombre verdaderamente abierto a Dios. Sabe que Dios es misterioso, por eso no intenta controlarlo ni dominarlo, sino que lo acoge con sencillez y humildad; con la disposición de descubrir facetas nuevas de ese Dios que, además, no es distante ni estático, sino cercano y comprometido con la historia del hombre; capaz de inventar soluciones absolutamente novedosas para los problemas y atropellos en los que el hombre se ve implicado. Abraham sabe que no todo está hecho,  que la vida y la historia no son una mera repetición del pasado, sino algo siempre nuevo, siempre distinto y diferente.
  • La fe de Moisés: El acontecimiento de la liberación de la esclavitud, no sólo estuvo a la base de la alianza entre Dios y su pueblo, sino que se convirtió también en un «símbolo» de toda la historia de la salvación, en ejemplo de toda liberación futura posible. En efecto, muchas otras veces Israel experimentará situaciones críticas, y el Éxodo se volverá a actualizar puntualmente. De modo especial aquel acontecimiento prefigura la gran liberación que Cristo realizará con su muerte y resurrección.
  • La fe vivida en la familia: La familia cristiana, como la de Jesús, el Dios encarnado, descubre su misión de acoger a Dios y de comunicarlo a los demás. La familia actual tiene el modelo de aquélla de Nazaret: debe conocer a Dios y evangelizar, primero que nada, a los hijos y a todos cuantos la rodean. La familia cristiana es discípula y misionera, pues quiere que otras personas también conozcan a Dios, y serán testimonios de su amor universal.
  • La fe de Elías: Elías conoce y ama a Dios, vive la experiencia de Dios y sabe de la situación que vive el pueblo de Israel, próspero en economía y en lo militar; pero sumido en el desorden y en falta de fe: los israelitas se habían dejado arrastrar por cultos a Baal y Astarté, dioses de la fecundidad y del sexo, de la lluvia y el temporal, al grado de llegar a sacrificar a sus niños. Elías siente el llamado de Dios y actúa, cree en las palabras que le vienen de Dios y se pone en camino. Denuncia la infidelidad del pueblo y anuncia: “Tan cierto como que vive Dios, Dios de Israel, a cuyo servicio estoy, que no habrá estos años ni lluvia ni rocío si yo no lo ordeno” (1 R 17,1).
  • La fe de Isaías: Isaías fue al templo para orar y de pronto tiene una experiencia personal de Dios. Ve al Señor sentado sobre un trono y unos ángeles que lo proclamaban santo. La gloria de Dios ante sus ojos, experiencia única e inolvidable para su vida. En esa situación, Isaías reconoce que es un hombre de labios inmundos y que vive en medio de un pueblo de labios inmundos. Ante la gloria de Dios se siente que no vale nada, hasta sentirse muerto. ¿De qué valdría tanta religiosidad? ¿Qué valor tenía ir siempre al templo? ¿Tenía algún valor adicional conocer toda la Escritura? Debe haber sido difícil para este varón de Dios entender todo lo que estaba pasando en el interior del templo.
  • La fe de Jeremías: Jeremías es consagrado desde el vientre de su madre, ya desde entonces Dios lo había consagrado para una misión específica. También a nosotros Dios nos llama con una vocación eterna, desde el vientre de nuestra madre, para bien de los demás. Responder afirmativamente a Dios es decir no a nuestro egoísmo, es decir no a buscar “sólo” nuestro bien a cualquier precio; decir sí es decidirse a “ser para los demás”; esto nos hace más imagenes de Dios, que es el Dios que nos ama y que amando nos da vida. Ésa fue la experiencia de Jeremías.
  • La fe de Pedro: Al final del evangelio de Juan  nos encontramos con la triple confesión de amor de Pedro: “Tú sabes que te amo”, después del milagro de la pesca abundante en el lago y la invitación –por parte de Jesús- para compartir el pan y el pescado.  Justo en este momento se inicia un diálogo entre Jesús y Pedro. Tres preguntas: “¿Me amas?”; tres respuestas: “Tú sabes que te amo”; tres mandatos: “Apacienta mis ovejas y mis corderos”. Es de notar que, si bien hay repeticiones, las preguntas y respuestas no son idénticas, el vocabulario del amor varía: “amar”, “querer”. Con sus preguntas, Jesús quiere saber de Pedro: “¿Aún estás dispuesto a dar tu vida por mí?”, “¿Todavía quieres ser mi amigo?”.
  • La fe de Pablo: De espíritu violento, se adiestraba como buen cazador para cazar su presa. Con ardor indomable perseguía a los discípulos de Jesús llegando a matar a los seguidores del "Camino". Pero Saulo, que cree perseguir, termina perseguido.  Mientras Saulo iba a Damasco en persecución de los discípulos de Jesús, una luz lo envolvió, cayó en tierra y oyó una voz que decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Saulo preguntó: ¿Quién eres, Señor? Jesús le respondió: Yo soy Jesús a quien tú persigues. ¿Y qué debo hacer, Señor?" Pocas veces un diálogo tan breve ha transformado tanto la vida de una persona. Cuando Saulo se levantó estaba ciego, pero en su alma brillaba ya la luz de Cristo.
  • La fe de María: El evangelio de Lucas en el capítulo primero nos narra la fe de estas dos grandes mujeres, Isabel y María, y nos muestra esta Arca viviente, que es María, en movimiento: tras dejar su casa de Nazaret, María se pone en camino hacia la montaña para llegar de prisa a una ciudad de Judá y dirigirse a la casa de Zacarías e Isabel. Es importante subrayar la expresión "de prisa": las cosas de Dios merecen prisa; más aún, las únicas cosas del mundo que merecen prisa son precisamente las de Dios, que tienen la verdadera urgencia para nuestra vida. Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y dijo alzando la voz: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Y cómo es que la madre de mi Señor viene a mí?  Tan pronto como tu saludo sonó en mis oídos, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído que se cumplirán las cosas que te ha dicho el Señor!".


Todos estos personajes nos han ayudado a que podamos fortalecer nuestra fe con su ejemplo y con el testimonio de  sus vidas. Dios que ha actuado en estos grandes personajes de la historia de Salvación, de la misma manera actúa en nosotros: nos llama, nos confía una misión, nos acompaña y nos espera. Este misterio personal lo descubrimos y vivimos cuando nos abrimos a la mirada de la fe que todo lo ilumina.



Predicador de la novena en Honor
A nuestra Señora del Rosario de Andacollo

Pbro. Ariel Robledo Diaz
Sacerdote diocesano
Secretario pastoral Misión Joven 2012
La Serena

Tenemos 76 invitados conectado(s)