Templo Chico

"Cuatro son los templos que sucesivamente se han levantado en las alturas de Andacollo para las ceremonias del culto católico: el primero en el siglo XVI, por el cura doctrinero don Gaytán de Mendoza; el segundo en el siglo XVII por el párroco don Bernardino Álvarez del Tobar. En el siglo siguiente mandó construir el tercero el Iltmo. Don Manuel Alday, obispo de Santiago, por medio de dos párrocos: don Mauricio Coello y don Vicente Valdivia; y, finalmente la gran Basílica (...) que fue mandado a edificar por el Iltmo. Dr. don José Manuel Orrego, tercer obispo de La Serena". Así describe el P. Principio Albás (Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, 52) la evolución lenta pero sostenida que ha tenido la piedad popular en Andacollo, reflejada en la edificación de lugares de culto cada vez más espaciosos y de mayor riqueza arquitectónica. De hecho, tanto el templo chico como la Basílica han sido declarados monumentos nacionales.


El templo chico es el lugar de residencia habitual de la sagrada imagen de la Virgen de Andacollo. Comenzó siendo una pequeña capillita de paredes de barro y techo de coirón. Paulatinamente, y a fuerza de la devoción creciente del pueblo, se fue transformando en un templo de aspecto austero pero con una decoración barroca, sobre todo en el retablo recubierto de plata donde se venera la imagen milagrosa. Un vestíbulo provisto de escalinatas de mármol negro conduce al camarín de la Virgen, consistente en un oratorio octogonal dotado de una elegante cúpula sostenida por columnas corintias y adornado con los misterios del Santo Rosario. En el camarín los devotos tiene una visión aproximada de la imagen, que se puede girar a voluntad, y pueden allí expresar sus peticiones. En el Museo adyacente los peregrinos pueden admirar una enorme cantidad de regalos y exvotos, entre ellos descuellan los regalos de la Gran China, la ropa de gala de la Virgen, la sala de los Jarrones y una valiosa colección de joyas.

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