Revise la sección Liturgia, donde se han incorporado las novenas correspondientes a la Fiesta Chica 2017

 

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE ANDACOLLO

(Para todos los días: Se inicia (1) persignándose para entrar en la presencia de Dios y de la Virgen Santa y (2) se hace el acto de contrición como una señal de humildad ante Dios que es santo. A continuación (3) se reza la oración para todos los días; (4) se lee la reflexión señalada para cada día; (5) después de rato de meditación se piden las gracias que se necesitan, (6) se rezan tres Avemarías y (7) se concluye con la Oración del Santuario)

1. Por la señal + de la santa Cruz (cruz sobre la frente)
de nuestros + enemigos (cruz sobre la boca)
líbranos, Señor + Dios nuestro. (cruz sobre el pecho)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén (cruz de la frente al pecho, del hombro izquierdo al derecho).

2. Acto de contrición

Señor Jesucristo,
me arrepiento de todo corazón
por todos mis pecados;
prometo desde ahora, con la ayuda de tu gracia
serte fiel. Amén.

3. Oración inicial para todos los días

Virgen de Andacollo,
Madre de la Iglesia,
llegamos a tu presencia con fe sencilla,
con amor y con mucha esperanza,
venimos a ofrecerte los saludos,
a darte gracias y a pedirte
que protejas siempre nuestras vidas.
Madre nuestra,
que la sangre de Cristo nos hermane
y  nos impulse a servir con alegría.
Enséñanos a creer y hacer viva en nosotros
la Palabra de tu Hijo y a amarlo sin medida.
Ayúdanos  ser buenos cristianos
para que nuestra tierra quede florecida
con las rosas del amor y la esperanza ,
bajo el sol de la fe que todo lo ilumina.
Amén.

4. Reflexión para el primer día: El culto a María

"Ante todo, la Virgen María ha sido propuesta siempre por la Iglesia a la imitación de los fieles no precisamente por el tipo de vida que Ella llevó y, tanto menos por el ambiente socio-cultural en que se desarrolló, hoy día superado casi en todas partes, sino porque en sus condiciones concretas de vida Ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios ( Lc 1, 38); porque acogió la palabra y la puso en práctica; porque su acción estuvo animada por la caridad y por el espíritu de servicio; porque, es decir, fue la primera y la más perfecta discípula de Cristo: lo cual tiene valor universal y permanente. De este modo, por poner algún ejemplo, la mujer contemporánea, deseosa de participar con poder de decisión en las elecciones de la comunidad, contemplará con íntima alegría a María que, puesta en diálogo con Dios, da su consentimiento activo y responsable no a la solución de un problema contingente sino a la "obra de los siglos" como se ha llamado justamente a la Encarnación del Verbo; se dará cuenta de que la opción del estado virginal por parte de María, que en el designio de Dios la disponía al misterio de la Encarnación, no fue un acto de cerrarse a algunos de los valores del estado matrimonial, sino que constituyó una opción valiente, llevada a cabo para consagrarse totalmente al amor de Dios; comprobará con gozosa sorpresa que María de Nazaret, aun habiéndose abandonado a la voluntad del Señor, fue algo del todo distinto de una mujer pasivamente remisiva o de religiosidad alienante, antes bien, fue mujer que no dudó en proclamar que Dios es reivindicador de los humildes y de los oprimidos y derriba de sus tronos a los poderosos del mundo (Lc 1,51-53); reconocerá en María, que "sobresale entre los humildes y los pobres del Señor" , una mujer fuerte que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio (Mt 2,13-23): situaciones todas que no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad; y no se le presentará María como una madre celosamente replegada sobre su propio Hijo divino, sino como mujer que con su acción favoreció la fe de la comunidad apostólica en Cristo (Jn 2,1-12) y cuya función maternal se dilató, asumiendo sobre el calvario dimensiones universales.

5. Se exponen confiadamente las gracias y favores que se desea alcanzar

6. Se rezan tres Avemarías

7. Oración del Santuario

Virgen Santa, Madre de Cristo y Madre nuestra,
desde campos, mares y montañas
ciudades, campamentos y villorrios,
tus hijos te saludamos en tu Santuario de Andacollo
Te ofrecemos lo que somos y tenemos,
trabajos, dolores y alegrías,
y con amor te consagramos
el quehacer de cada día.
Acógenos en tu corazón,
protégenos en el alma y en el cuerpo,
fortalece a los enfermos y
a todos los que sufren,
ayuda a las familias a vivir con alegría.
Bendice a nuestra Patria,
con el don de la unidad y de la paz,
que no falte a tus hijos el pan de cada día,
que nadie abuse del que está desamparado.
Aseméjanos a Ti, en la fe,
la esperanza y el amor,
para ser hijos fieles de la Iglesia
y honrar así con nuestras vidas
al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Amén

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4. Reflexión para el segundo día: María la Virgen oyente

"María es la "Virgen oyente", que acoge con fe la palabra de Dios: fe, que para Ella fue premisa y camino hacia la Maternidad divina, porque, como intuyó S. Agustín: "la bienaventurada Virgen María concibió creyendo al (Jesús) que dio a luz creyendo"; en efecto, cuando recibió del Ángel la respuesta a su duda (Lc 1,34-37) "Ella, llena de fe, y concibiendo a Cristo en su mente antes que en su seno", dijo: "he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38); fe, que fue para ella causa de bienaventuranza y seguridad en el cumplimiento de la palabra del Señor" ( Lc 1, 45); fe, con la que ella, protagonista y testigo singular de la Encarnación, volvía sobre los acontecimientos de la infancia de Cristo, confrontándolos entre sí en lo hondo de su corazón (Lc 2,19.51). Esto mismo hace la Iglesia, la cual, sobre todo en la sagrada Liturgia, escucha con fe, acoge, proclama, venera la palabra de Dios, la distribuye a los fieles como pan de vida y escudriña a su luz los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia".

4. Reflexión para el tercer día: María la Virgen orante

"María, es, asimismo, la "Virgen orante". Así aparece Ella en la visita a la Madre del Precursor, donde abre su espíritu en expresiones de glorificación a Dios, de humildad, de fe, de esperanza: tal es el "Magníficat" (Lc 1, 46-55), la oración por excelencia de María, el canto de los tiempos mesiánicos, en el que confluyen la exultación del antiguo y del nuevo Israel, porque - como parece sugerir S. Ireneo- en el cántico de María fluyó el regocijo de Abraham que presentía al Mesías (Jn 8,56) y resonó, anticipada, proféticamente, la voz de la Iglesia : "Saltando de gozo, María proclama proféticamente en nombre de la Iglesia : "Mi alma engrandece al Señor...". En efecto, el cántico de la Virgen, al difundirse, se ha convertido en oración de toda la Iglesia en todos los tiempos. "Virgen orante" aparece María en Caná, donde, manifestando al Hijo con delicada súplica una necesidad temporal, obtiene además un afecto de la gracia: que Jesús, realizando el primero de sus "signos", confirme a sus discípulos en la fe en Él (Jn 2,1-12). También el último trazo biográfico de María nos la describe en oración: los Apóstoles "perseveraban unánimes en la oración, juntamente con las mujeres y con María, Madre de Jesús, y con sus hermanos" (Hch 1,14): presencia orante de María en la Iglesia naciente y en la Iglesia de todo tiempo, porque Ella, asunta al cielo, no ha abandonado su misión de intercesión y salvación. "Virgen orante" es también la Iglesia, que cada día presenta al Padre las necesidades de sus hijos, "alaba incesantemente al Señor e intercede por la salvación del mundo".

4. Reflexión para el cuarto día: María, la Virgen - Madre

"María es también la "Virgen - Madre", es decir, aquella que "por su fe y obediencia engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, sin contacto con hombre, sino cubierta por la sombra del Espíritu Santo": prodigiosa maternidad, constituida por Dios como "tipo" y "ejemplar" de la fecundidad de la Virgen - Iglesia, la cual "se convierte ella misma en Madre, porque con la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos, concebidos por obra del Espíritu Santo, y nacidos de Dios (Lv 13,17) y de la purificación de la Madre Dios". Justamente los antiguos Padres enseñaron que la Iglesia prolonga en el sacramento del bautismo la Maternidad virginal de María. Entre sus testimonios nos complacemos en recordar el de nuestro eximio Predecesor San León Magno, quien en una homilía natalicia afirma: "El origen que (Cristo) tomó en el seno de la Virgen, lo ha puesto en la fuente bautismal: ha dado al agua lo que dio a la Madre; en efecto, la virtud del Altísimo y la sombra del Espíritu Santo (Lc 1,35), que hizo que María diese a luz al Salvador, hace también que el agua regenere al creyente". Queriendo beber en las fuentes litúrgicas, podríamos citar la Illatio de la Liturgia hispánica: "Ella (María) llevó la Vida en su seno, ésta (Iglesia) en el bautismo. En los miembros de aquélla se plasmó Cristo, en las aguas bautismales el regenerado se reviste de Cristo".

4. Reflexión para el quinto Día: María, la Virgen oferente

"Finalmente, María es la "Virgen oferente". En el episodio de la Presentación de Jesús en el Templo (Lc 2,22-35), la Iglesia, guiada por el Espíritu, ha vislumbrado, más allá del cumplimiento de las leyes relativas a la oblación del primogénito (Ex 12,6-8), un misterio de salvación relativo a la historia salvífica: esto es, ha notado la continuidad de la oferta fundamental que el Verbo encarnado hizo al Padre al entrar en el mundo (Hb 10,5-7); ha visto proclamada la universalidad de la salvación, porque Simeón saludando en el Niño la luz que ilumina las gentes y la gloria de Israel (Lc 2,32) reconocía en El al Mesías, al Salvador de todos; ha comprendido la referencia profética a la pasión de Cristo: que las palabras de Simeón, las cuales unían en un solo vaticinio al Hijo, "signo de contradicción" (Lc 2,34), y a la Madre, a quien la espada habría de traspasar el alma (Lc 2,35), se cumplieron sobre el calvario. Misterio de salvación, pues, que el episodio de la Presentación en el Templo orienta en sus varios aspectos hacia el acontecimiento salvífico de la cruz. Pero la misma Iglesia, sobre todo a partir de los siglos de la Edad Media, ha percibido en el corazón de la Virgen que lleva al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor (Lc 2,22-23), una voluntad de oblación que trascendía el significado ordinario del rito. De dicha intuición encontramos un testimonio en el afectuoso apóstrofe de S. Bernardo: "Ofrece tu Hijo, Virgen sagrada, y presenta al Señor el fruto bendito de tu vientre. Ofrece por la reconciliación de todos nosotros la víctima santa, agradable a Dios". Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la redención, alcanza su culminación en el calvario, donde Cristo se ofreció a sí mismo inmaculado de Dios" (Hb 9,14) y donde María estuvo junto a la cruz (Jn 19,25) "sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con ánimo materno a su sacrificio, adhiriéndose amorosamente a la inmolación de la Víctima por Ella engendrada" y ofreciéndola Ella misma al Padre Eterno. Para perpetuar en los siglos el Sacrificio de la Cruz, el Salvador instituyó el Sacrificio Eucarístico, memorial de su muerte y resurrección, y lo confió a la Iglesia su Esposa, la cual sobre todo el domingo, convoca a los fieles para celebrar la Pascua del Señor hasta que El venga: lo que cumple la Iglesia en comunión con los Santos del cielo y, en primer lugar, con la bienaventurada Virgen, de la que imita la caridad ardiente y la fe inquebrantable.

4. Reflexión para el sexto Día: María, Maestra

Ejemplo para toda la Iglesia en el ejercicio del culto divino, María es también, evidentemente, maestra de la vida espiritual para cada uno de los cristianos. Bien pronto los fieles comenzaron a fijarse en María para, como Ella, hacer de la propia vida un culto a Dios, y de su culto un compromiso de vida. Ya en el siglo IV, S. Ambrosio, hablando a los fieles, hacía votos para que en cada uno de ellos estuviese el alma de María para glorificar a Dios: "Que el alma de María esté en cada uno para alabar al Señor; que su espíritu esté en cada uno para que se alegre en Dios". Pero María es, sobre todo, modelo de aquel culto que consiste en hacer de la propia vida una ofrenda a Dios: doctrina antigua, perenne, que cada uno puede volver a escuchar poniendo atención en la enseñanza de la Iglesia, pero también con el oído atento a la voz de la Virgen cuando Ella, anticipando en sí misma la estupenda petición de la oración dominical "Hágase tu voluntad" (Mt 6,10), respondió al mensajero de Dios: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Y el "sí" de María es para todos los cristianos una lección y un ejemplo para convertir la obediencia a la voluntad del Padre en camino y en medio de santificación propia.

4. Reflexión para el séptimo día: María, esposa del Espíritu Santo

"A la alusión sobre la orientación cristológica del culto a la Virgen, nos parece útil añadir una llamada a la oportunidad de que se dé adecuado relieve a uno de los contenidos esenciales de la fe: la Persona y la obra del Espíritu Santo. La reflexión teológica y la Liturgia han subrayado, en efecto, cómo la intervención santificadora del Espíritu en la Virgen de Nazaret ha sido un momento culminante de su acción en la historia de la salvación. Así, por ejemplo, algunos Santos Padres y Escritores eclesiásticos atribuyeron a la acción del Espíritu la santidad original de María, "como plasmada y convertida en nueva creatura" por El; reflexionando sobre los textos evangélicos - "el Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lc 1,35), "es obra del Espíritu Santo lo que en Ella se ha engendrado" (Mt 1,18.20), descubrieron en la intervención del Espíritu Santo una acción que consagró e hizo fecunda la virginidad de María y la transformó en Aula del Rey, Templo o Tabernáculo del Señor, Arca de la Alianza o de la Santificación, títulos todos ellos ricos de resonancias bíblicas. Profundizando más el misterio de la Encarnación, vieron en la misteriosa relación Espíritu- María un aspecto esponsalicio, descrito poéticamente por Prudencio: "La Virgen núbil se desposa con el Espíritu y la llamaron Sagrario del Espíritu Santo, expresión que subraya el carácter sagrado de la Virgen, convertida en mansión estable del Espíritu de Dios; adentrándose en la doctrina sobre el Paráclito, vieron que de él brotó, como de un manantial, la plenitud de la gracia (Lc 1,28) y la abundancia de dones que la adornaban: de ahí que atribuyeron al Espíritu de la fe, la esperanza y la caridad que animaron el corazón de la Virgen, la fuerza que sostuvo su adhesión a la voluntad de Dios, el vigor que la sostuvo durante su "compasión" a los pies de la cruz: señalaron en el canto profético de María (Lc 1,46-55) un particular influjo de aquel Espíritu que había hablado por boca de los profetas; finalmente, considerando la presencia de la Madre de Jesús en el cenáculo, donde el Espíritu descendió sobre la naciente Iglesia (Hch 1,12-14; 2,1-4), enriquecieron con nuevos datos el antiguo tema María-Iglesia; y, sobre todo, recurrieron a la intercesión de la Virgen para obtener del Espíritu la capacidad de engendrar a Cristo en su propia alma, como atestigua S. Ildefonso en una oración, sorprendente por la doctrina y por su vigor suplicante: "Te pido, te pido, oh Virgen Santa, obtener a Jesús por mediación del mismo Espíritu , por el que tú has engendrado a Jesús, Reciba mi alma a Jesús por obra del Espíritu, por el cual tu carne ha concedido al mismo Jesús (...). Que yo ame a Jesús en el mismo Espíritu, en el cual tú lo adoras como Señor y lo contemplas como Hijo".

4. Reflexión para el octavo día: El "Ángelus"

"Nuestra palabra sobre el "Ángelus" quiere ser solamente una simple pero viva exhortación a mantener su rezo acostumbrado, donde y cuando sea posible. El "Ángelus" no tiene necesidad de restauración: la estructura sencilla, el carácter bíblico, el origen histórico que lo enlaza con la invocación de la incolumidad en la paz, el ritmo casi litúrgico que santifica momentos diversos de la jornada, la apertura hacia el misterio pascual, por lo cual mientras conmemoramos la Encarnación del Hijo de Dios pedimos ser llevados "por su pasión y cruz a la gloria de la resurrección", hace que a distancia de siglos conserve inalterado su valor e intacto su frescor. Es verdad que algunas costumbres tradicionalmente asociadas al rezo del Ángelus han desaparecido o difícilmente pueden conservarse en la vida moderna, pero se trata de cosas marginales: quedan inmutados el valor de la contemplación del misterio de la Encarnación del Verbo, del saludo a la Virgen y del recurso a su misericordiosa intercesión; y, no obstante el cambio de las condiciones de los tiempos, permanecen invariados para la mayor parte de los hombres esos momentos característicos de la jornada-mañana, mediodía, tarde- que señalan los tiempos de su actividad y constituyen una invitación a hacer un alto para orar.

4. Reflexión para el noveno día: El Santo Rosario

"Deseamos ahora detenernos un poco sobre la renovación del piadoso ejercicio que ha sido llamado "compendio de todo el Evangelio": el Rosario, reconocida en él la aptitud para desarrollar una oración contemplativa, de alabanza y de súplica al mismo tiempo recordando su connatural eficacia para promover la vida cristiana y el empeño apostólico, enunciado de los misterios y las formulas principales; se inspira en el Evangelio. Oración evangélica centrada en el misterio de la Encarnación redentora, el Rosario es, pues, oración de orientación profundamente cristológica. En efecto, su elemento más característico - la repetición del "Dios te salve, María" - se convierte también en alabanza constante a Cristo, término último de la anunciación del Ángel y del saludo de la Madre del Bautista: "Bendito el fruto de tu vientre " (Lc 1,42). Diremos más: la repetición del Ave María constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplación de los misterios: el Jesús que toda Ave María recuerda, es el mismo que la sucesión de los misterios nos propone una y otra vez como Hijo de Dios y de la Virgen, nacido en una gruta de Belén; presentado por su Madre en el Templo; joven lleno de celo por las cosas de su Padre; Redentor agonizante en el huerto; flagelado y coronado de espinas; cargado con la cruz y agonizante en el calvario; resucitado de la muerte y ascendido a la gloria del Padre para derramar el don del Espíritu Santo. Se ha sentido también con mayor urgencia la necesidad de recalcar, al mismo tiempo que el valor del elemento laudatorio y deprecatorio, la importancia de otro elemento esencial al Rosario: la contemplación. Sin ésta el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: "cuando oréis no seáis charlatanes como los paganos que creen ser escuchados en virtud de su locuacidad" (Mt 6,7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezcan en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del Corazón de Aquélla que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza. De la contemporánea reflexión han sido entendidas en fin con mayor precisión las relaciones existentes entre la Liturgia y el Rosario. Por una parte se ha subrayado cómo el Rosario es casi un vástago germinado sobre el tronco secular de la Liturgia cristiana, "El salterio de la Virgen", mediante el cual los humildes quedan asociados al "cántico de alabanza" y a la intercesión universal de la Iglesia; por otra parte, se ha observado que esto ha acaecido en una época - al declinar de la Edad Media - en que el espíritu litúrgico está en decadencia y se realiza un cierto distanciamiento de los fieles de la Liturgia, en favor de una devoción sensible a la humanidad de Cristo y a la bienaventurada Virgen María.

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