Mes de María 2017 en Andacollo

El 8 de noviembre a las 20:00 iniciamos en el Santuario de Nuestra Señora de Andacollo el tradicional Mes de María como preparación a la fiesta de la Inmaculada Concepción. Es una práctica que, llegando de España (donde se celebra el “Mes de Mayo”, mes de las flores), quedó fuertemente enraizada en la Iglesia de Chile. Aquí, a lo largo y ancho del país, las familias y comunidades cristianas se reúnen para festejar a la Madre de Jesús con el canto “Venid y vamos todos” y la famosa oración del Obispo Ramón Ángel Jara: “Oh, María, durante el bello mes…” En el marco del Mes de María haremos los sábados el Rosario de la aurora a las 6:30 visitando las comunidades cristianas de La Rinconada, Caletones, Población 25 de Octubre; y finalmente, la Sede Parroquial.

“María Inmaculada” es mucho mas que una advocación recurrente en la piedad del pueblo cristiano. Efectivamente, María, concebida sin pecado o toda de Dios (eso significa Inmaculada), es el punto de llegada de toda la humanidad en busca de su perfecta identidad. María Inmaculada representa el reino de armonía, de justicia, de paz y de fraternidad que todos anhelamos; María Inmaculada nos muestra la humanidad perfecta, totalmente reconciliada, la humanidad que Dios soñó y que hizo posible en María de Nazaret como un modelo para todos los tiempos.

Cuando se proclamó esta verdad como dogma para el mundo cristiano se expresó de manera contundente el optimismo cristiano sobre la naturaleza humana. Por eso, el 8 de diciembre de 1854 (cuatro años antes de las apariciones de Lourdes), el Papa Pío IX declaró: “En el primer instante de su concepción, por la gracia y privilegio de Dios todopoderoso y en consideración de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, la Virgen María fue preservada y exenta de toda mancha del pecado original.”

María Inmaculada nos muestra en sí misma el final de la historia. No somos, entonces, una humanidad que avanza a ciegas por el camino, o en el absurdo de un devenir sin sentido, sino que nos revela lo que la humanidad creyente llegará a ser un día más allá del tiempo. María es la primicia de la humanidad glorificada junto a Dios y signo de estímulo y esperanza para nosotros, el pueblo peregrino.

 

P. Eduardo Huerta Pasten, CMF